MISIÓN IMPOSIBLE

La tarde es tranquila y el paseo me ha sentado bien. Hace 2 horas que camino en un complaciente recreo de tiendas. He tenido éxito con los propósitos que me había fijado, pero hay alguien que me da la primera señal de alarma -Necesidad fisiológica urgente- mi vejiga ya no puede más.

Busco un bar para satisfacer mi necesidad y entro en uno cualquiera. Al entrar me fijo en la decoración, esta en el umbral de la caducidad pero hay gente joven y se escucha buena música. Me indican donde esta el lavabo y lo encuentro sin dificultad. Al entrar compruebo que también está caducado. Entro, la sensación de ahogo es inminente. Mis ojos recorren ese habitáculo pequeño, sucio y maloliente y la segunda señal de alarma se activa, no hay pestillo en la puerta, mis ojos continúan con el escrutinio y ¡Zas! la tercera señal de alarma, no hay papel. Mi frente empieza a sudar tímidamente. Bien, no pasa nada, la primera regla que te enseñan cuando eres pequeña y empiezas a usar los servicios públicos es que no te sientes nunca.

Viene a mi mente la banda sonora de la película Misión Imposible de Tom Cruise, ” apropiada para mi situación, apropiada para “Mi Misión Imposible”.

El primer objetivo de la misión es crucial -¿dónde dejo las bolsas que llevo en las manos?, el suelo está sucio y mojado, no hay ningún colgador, ni siquiera hay una ventana para abrir e improvisar un lugar de reposo para los objetos no necesarios para la empresa que debo llevar a cabo. Mantengo la mente fría, pienso, no puedo perder tiempo ya que el enemigo puede llamar a la puerta en cualquier momento. Al final decido aguantarlas con los dientes.

Segundo objetivo -¿dónde dejo la chaqueta y el bolso?- con un rápido movimiento de ojos advierto que tampoco hay ninguna solución para este caso, decido colgarme el bolso al cuello y enrollar la chaqueta hasta las axilas apretando fuerte los brazos para que no se caiga.

Tercer objetivo, aguanto la puerta con el pie para que no la abran mientras me desabrocho el cinturón y me bajo los pantalones y las bragas, en ese momento hay el primer ataque del enemigo –estrá ocrupado- le digo con un vocabulario casi ininteligible ya que las bolsas no me dejan gesticular, las primeras gotas de sudor se deslizan por mi sien, -no defallezcas- me digo, -has de seguir hacia delante-.

Compruebo la distancia de la puerta al inodoro y calculo que hay un metro -¡no llego si mantengo el pie en la puerta!, ¡no llego!, ¿tantos meses de entrenamiento no me sirven ahora?. Analizo la situación rápidamente, pienso y decido, si quito el pie y aguanto con la mano ganaré centímetros imprescindibles.

Coloco mi cuerpo en posición de semiflexión con una ligera inclinación hacia delante para que mi mano llegue a la puerta, hago fuerza con el cuello para que el bolso se mantenga a una altura prudente y no toque el suelo, mientras sigo apretando fuerte la mandíbula para sostener las bolsas, con el brazo que me queda libre aguanto la chaqueta enrollada y la ropa que he de proteger para que no salga dañada. Miro si la posición está cerca del objetivo, compruebo, sigo apretando con la mano, los dientes, el cuello y el brazo y me decido, lanzo mi disparo. El objetivo ha sido alcanzado.

Después de mi éxito, recojo los útiles y salgo. Mientras me lavo las manos me miro al espejo y veo el reflejo de mi cara, que aunque sudorosa y enrojecida por el esfuerzo, también revela satisfacción. ¿Misión imposible? ¡Ja!.

Maribel Martínez

Comments Sense comentaris »

El escritor tecnológico


Alonso J. Alce es lo que podríamos decir un escritor consagrado, tiene una importante obra a sus espaldas y para muchos, incluido él, es uno de los mejores escritores de su generación y todo esto lo ha conseguido escribiendo con una pluma estilográfica que ni tan siquiera sabe como se carga. La usa mojándola directamente en el tintero.

Esto es lo único que se había mantenido inalterable en su vida; hace dos años se separó de su primera mujer y se fue a vivir con una periodista cuarenta años mas joven que él y a la que conoció cuando se presentó en su casa para entrevistarlo.

Una tarde ella, Adelina se presento eufórica con la compra que había hecho, la acompañaba un joven y mientras que le explicaba al escritor de que se trataba este se encontró sobre su mesa de trabajo un ordenado. El joven iba desembalando cajas y conectando cables y Adelina continuaba detallando las múltiples ventajas que le iba a aportar escribir en el ordenador, podría corregir sin tener que reescribir la página completa, podría tener una copia impresa con solo darle a un botón; escribiendo en la computadora podría culminar su obra y concluyó con un deseo que casi era una sentencia. – Hasta, quien sabe, podrás conseguir el premio Nobel.

El escritor, que tenia la edad suficiente como para saber que con las mujeres no se discute, se hace confianza y se tira para adelante, daba vueltas a la mesa y miraba todos aquellos aparatos llenos de luces verdes y rojas. Él, que en su vida no había escrito a máquina un folio completo, se imaginaba picoteando con los dedos sobre las teclas como un pollo alborotado. Decidió que al día siguiente empezaría.

A la hora de costumbre se sentó delante del aparato, lo encendió y se dispuso a escribir siguiendo las indicaciones que le dio el experto. Después de escribir y desescribir palabras subrayadas en rojo, el resultado fue lo que vendría siendo una página, un tercio menos de lo que era habitual en él, pero por orgullo y por algo que le costaba más reconocer pensó que no tiraría la toalla.

Cuando ya llevaba una semana escribiendo en el artefacto le asaltó una duda y se pregunto donde se guardaba todo aquello que había escrito cuando le daba al botón de apagado. Le habían dicho que en un disco duro pero se preguntaba si era  duro cómo se grababan las palabras y con qué, no sería mas apropiado que fuese blando. Se dio cuenta que no estaba pensando en la obra si no en el artefacto, se levantó y fue a buscarse una cerveza no por sed si no para ver si encontraba el hilo.

Volvió  con el vaso de cerveza y al apartar la silla una de las patas levantó la alfombra lo suficiente para que metiese el pie por debajo,  tropezó y la cerveza fue a caer sobre la caja negra. Se produjo un chisporroteo, se apagaron todas las lucecitas de golpe y el aparato exhaló el último suspiro en forma de humo gris y que olía a rayos.

Se separó asustado, no quiso tocar nada, se fue a la otra mesa sacó  su tintero y su libreta mojó la pluma en la tinta y siguió  donde se había quedado hacia siete días.

Segundo Pino Durán


AGRAVIOS Y TRISTEZAS DE DON MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA

¿Cómo puedo acabar en este mundo con tanto sufrimiento y tanta desgracia como a mí me aflige? ¿Cómo, si mi talento es tanto y así habrá en el futuro de reconocerse, he de vivir entre exilios y presidios, entre escondites y destierros y a otros el señor les otorga famas y bienes, a todas luces inmerecidos y a buen seguro desacordes a sus méritos como los mios lo son a mi mala fortuna?

Solamente hallé en esta vida la ruta del desterrado y del emigrante, del presidiario y del perseguido, del hambriento y del desdeñado, habiéndome como me he batido por Castilla y por Cristo en batallas cientos y en obligaciones patrias, fiel al monarca que me ignora y a la reina que me humilla.

Loé con sonetos y alejandrinos a soldados valerosos y a nobles heroicos y escribí comedias y sainetes para que el pueblo llano conociera de sus males y amara a sus guías y acrecentara su fe, así como para que aprendiera a conocer sus pecados y a discernir el grano de la paja. ¿Y como se me paga el servicio? Permitiendo la ruina de mis padres y encumbrando a un poeta y dramaturgo para quién, a fe de dios, no fueron inventadas esas altisonantes palabras, las mismas que a mi se me niegan.

Y ahora, sufro en esta espantosa prisión el escarnio y la burla de los moros y el indecente olvido de aquellos por los que aquí llegué.

Mientas tanto, tú, Lope, enemigo de mi alma, el fantasma más grande de tus cementerios de baratija, recoges loas y ducados de quien da tanto a los falsos mitos como escatima a los genios y menosprecia a los sabios.

Así hubiera yo nacido en Inglaterra, donde el trono de las letras ocupa quien méritos para ello sin duda ha conseguido. Allí el pueblo, aún como el nuestro, pobre, no es por ello tan ignorante y reconoce los gustosos sabores de un buen plato. No como en esta nuestra iletrada Castilla donde zafios hijosdalgos y nobles analfabetos obligan a la plebe a vivir como asnos y a yantar como puercos.

Y en consecuencia, aquí, Lope de Vega es Dios y yo el mismísimo diablo, sin merecello, pues santo de las letras he de ser en siglos venideros y aun quizá de entre ellos el más grande.

Con todo, y aun que es mucho el desánimo que me aflige, me dispongo cada mañana desde esta paupérrima celda que mis huesos, a fe de Dios, que ya casi no resisten, a tomar pluma y papel que un buen y caritativo carcelero tiene a bien proporcionarme a cambio de mis últimos ducados.

Con ello consigo evadirme, sino de la cárcel si de los malos pensamientos y crear fantasías de caballeros y criados y quién sabe, y no habré de vivir para sabello, si a sentar los cimientos de la más grande obra que ser humano hubiere acometido con su pluma.

Argel, a los doce días del mes de marzo del año del Señor de 1578.

PERE BOU

El suport de l’escriptura

Ets tu i la teva mà vella que es preparen per escriure, com tantes altres vegades ho havien fet.

Abans, però, sempre te’l mires des de totes les perspectives. La seva extrema pal·lidesa i finura t’entristeixen. Saps que la seva atracció es prou forta com per oferir-li tot un univers imaginari, que és teu. I es que no saps com començar.

Et sents constantment embadalit per la seva mirada blanca i neutral però alhora no pots evitar sentir-te amenaçat, com si des de la seva superfície llisa t’apuntés amb un fusell. “Omple’m, omple’m et dic!” Ressona una veu dins del teu cap.

La teva única voluntat és donar-li vida, oferir-li una espurna d’ànima que es propagarà com a foc i construirà una història compartida, la que evoquis en ella, la que surti de tu mateix.

L’impuls és tan gran com una escopinada que el taqui i ometi aquest buit que transmet.

Bé…Et tranquil·litzes, obres la ment, tanques els ulls i els sorolls es fan opacs al teu voltant. Agafes la ploma i comences: una paraula darrere d’una altre i una altre i una altre… No pots parar. L’èxtasi s’ha apoderat de tu. No pares de córrer la tinta pel seu cos, omplint-la d’impuresa.

Ara per fi, esteu sols en el món, desapareixeu sense saber exactament a on, entre les línies que vas construint-l’hi.

Fi. Has acabat. Esperes que digui alguna cosa però no sap parlar per ella mateixa. Així que pels dos i mirant-la fixament comences:

“Ets tu i la teva mà vella que es preparen per escriure com tantes altres vegades ho havien fet.”

Irma Estopiñà

Comments Sense comentaris »

Las ondas de sus lamentos, se apretaban en el aire a medida que aumentaba su sufrimiento.

Como el sadismo de sus torturadores apretando los grilletes, la intensidad de sus gritos crecía hasta un máximo de indescriptible  agudeza y a continuación remitía, tal vez desaparecería.

¡Pero no!, pues al poco éstos comenzaban de nuevo su secuencia, tenaces como olas marinas y cada vez que se repetían  parecían hacerlo tras una menor pausa, aumentando así su frecuencia y apretando los cíclos de su emisión.

Desde el lugar de tortura  y con la ayuda de un equipo de radio, los ecos de su suerte se difundían portados por las ondas que llegaban hasta  sus aterrados compañeros de infortunio, apretados en una oscura celda, que al oírlos se abrazaban y apretaban aún más buscando mutuo consuelo, en un vano intento de hacer desaparecer el miedo que los atenazaba.


David Rodríguez

EL EDÉN


Aquella noche, Dios soñó que el edén existía. En ese momento, una cadena de acontecimientos sicronizados hizo que todos los planetas se alinearan.

Ese fue el principio de la cruel fatalidad: la vida humana.

Luisa Ros Muñoz


REBELDE CON CAUSA


Nací en primavera y era negro. Al ir creciendo, los otros cisnes que eran completamente blancos, se burlaban de mí.

Cuando llegó el otoño, me fui a otra granja, pero allí también se metían conmigo.

Siguió pasando el tiempo y yo seguí aguantando, hasta que llegó de nuevo el buen tiempo y decidí marcharme.

Me he hecho activista de las Panteras Negras.

Segundo Pino

PERSECUCIÓ FATAL


Estava amagada en una de les estances que comunicaven amb aquell estret, llarg i fosc passadís, quan, de cop i volta, s’obre la porta i allò apareix. Ella comença a sanglotar aterrida.


Francesc Gelabert



Recordo aquelles nits d’estiu al poble quan el vent udolava. Els nens ens amagàvem al portal i observàvem les àvies que prenien la fresca. De cop, callaven i alguna comentava: “és l’arbre que plora”, i amb el delit que donen els misteris als deu anys, tornàvem a parar l’orella per escoltar aquella història dels amants trobats morts al peu de l’arbre, al bell mig del bosc, al seu secret amagatall. Abraçats, mirant-se sense veure’s i somrient encara.

Llavors, quan acabava, amb l’últim sospir evocador de les àvies, trencàvem a córrer fins arribar al nostre destí. Allà, el més agosarat de nosaltres tocava llavors aquell líquid enganxós que rajava de l’escorça i just era en aquell moment que tots nosaltres hauríem jurat que l’arbre plorava.


Anna Cutillas


EL MECENAS


Era un día importante, se inauguraba en el pueblo un hospital financiado por una persona millonaria y grande por su generosidad. Estaban presentes las autoridades del municipio, la prensa, la televisión y el pueblo en pleno.

Hasta el momento, la gente tenía que desplazarse al pueblo más próximo para los servicios sanitarios importantes, ya que sólo disponían aquí de un ambulatorio.

Habían colgado la fotografía de Don Gregorio, mecenas del hospital en un lugar bien visible.

Comenzó el acto en medio de una gran expectación. Presidían el alcalde, el futuro director del hospital, el Sr. Párroco y, naturalmente, Don Gregorio.

Ya hecha la foto de familia, se dispusieron a cortar la cinta que habían colocado delante de la puerta del nuevo hospital. Pero nadie encontró las tijeras.

Isadora


Les meves petjades sobre la sorra les van esborrant les onades contínuament. La bellesa del mar en la seva grandiositat, el seu misteri, m’encisen i busco la resposta de la meva angoixa.

Oh mar, ara tan serena!

Per què no em tornes  el vaixell on vas endur-te les meves il.lusions a les teves profunditats?

Silenci, silenci…

Vaig despullant-me mica en mica per llençar-me mar endins, buscant la resposta que ningú em dóna.


Consol Carrillo


LA DISYUNTIVA


Mi  vida es el trabajo.  En esta empresa solo  aspiro a tener  mi despacho en la ultima planta y yo  todo lo que me propongo lo consigo. Puedo si la  situación  lo requiere,  hacer uso de una   mirada o una sonrisa ambigua.  A veces la seducción es muy útil, productiva y rentable.

Cada mañana delante del espejo  me someto  a mi misma a un minucioso análisis:

  • El traje bien, los complementos son los  más adecuados, el maquillaje  hoy esta solo pasable podría estar mejor. ..

Cada noche me acecha la soledad, cuando me desprendo de la mascara y retiro el maquillaje, éste  me devuelve  la imagen de   una desconocida. Hay días  en que  esa otra mujer que vive en mi, me mira de una manera inquisitiva y feroz;  no le gusta en lo que me he convertido y además pretende que…, ¡ le de su libertad! A mi me conviene que permanezca aquí, encerrada entre estas cuatro paredes.

Sé,  que  cualquier animal que  viva en   una perpetua cautividad, puede con el tiempo  convertirse  en un ser peligroso.


Charo Fernández


MENJAR

No havia nascut cec, però ara casi ho era.

Ell volia saber com havia arribat a aquesta situació. Nomes recordava que feia sis mesos si que hi veia. No havia patit cap accident.

De cop i volta va tenir gana i va pensar en fer el que havia fet els últims temps, sortir de casa caminar tres pomes de carrers, i entrar a l’hamburgueseria. Dues hamburgueses dobles amb formatge, ou ferrat, cogombres, tomàquet, enciam i cansalada, acompanyades per unes olioses patates fregides, això per dinar i sopar.

Però ara tampoc podia ni sortir al carrer. I tot això, l’únic pensament que tenia era, menjar, menjar, menjar. La seva gula l’havia portat a ser una persona immòbil i mig cega perquè s’havia engreixat 120 Kg.

Maribel Martínez


Hay un hombre que se parece mucho a todos, que conspira contra el mundo una tragedia, dejando tras de sí marcas de destrucción a su paso.

Poco a poco sin darse cuenta. Poco a poco sin darnos cuenta.

Irma Estopiñà


UNA NOVA VIDA


Somric.

Un aire de primavera envaeix la finestra per on trec el cap.

Els meus cabells s’enlairen, acompassant el moviment del vehicle.

Avui, després d’una llarga temporada de tractament a l’hospital, m’han donat d’alta. El taxista em pregunta: “On, senyoreta?”. “A l’aeroport”, contesto.

I torno a somriure. Plou, pero no importa, avui és el millor dia de tants altres que vindran.

Tinc el mòbil encès i envio l’últim SMS: “que tingueu un bon dia!”, i l’apago definitivament.

La ciutat segueix un ritme que no m’interessa i ja des de l’avió començo per fi el viatge d’una nova vida.


Cristina Sanfélix

EL ABUELO


El anciano despertó en el sillón. La habitación le resultó extraña, nada de su mesita con el tabaco picado y el papel de fumar. Ni un cenicero sobre los muebles blancos. Ni rastro de su nieto para acompañarle a casa. Buscó su bastón, no lo veía  a su lado. Tampoco por ninguno de los rincones que alcanzaba a ver. No reparó en la claridad con que le llegaban todos los detalles de aquella sala, en la facilidad con que podía caminar hacia la puerta.

En el vestíbulo reconoció algunos rostros entre los que se habían fijado en él. Benito, el del bar, le dijo que no había visto al niño.

En aquella habitación del cuarto piso del Hospital General, Julián lloraba en un frio sillón de plástico, a los pies de la cama de su abuelo.


Eduardo Torralvo


PESQUISAS


Desde que había echado a su marido de casa Verónica andaba triste y no levantaba cabeza. Sabía que había hecho lo correcto, pero que duro era… Ahora él le había escrito una carta inesperada, narrada con verdadera sinceridad, y de una manera muy lúcida le pedía perdón por todo, sobre todo por sus infidelidades. A ella le pareció una muy buena señal. Esta vez el marido no se iba por las ramas buscando excusas tontas.

Verónica, ilusionada, había decidido darle una nueva oportunidad; sin embargo quiso hacer una última comprobación y encargó a un investigador que lo siguiera por espacio de una semana. No esperaba encontrar nada especial. Esta vez él estaba arrepentido.

Al término de la misma, el detective le paso el informe final. Su marido había tenido una recaída, sólo que esta vez su amante no era una mujer, era un hombre.


Assumpta Vendrell


Comments Sense comentaris »

- Me llamo Ramón Saldaña.

- No, no se empeñe señorita no le voy a dar más información.

- Si, si…, usted quiere que le diga todo sobre mi vida para luego utilizarlo con malas artes.

- A usted no le interesa si yo estoy casado o no. ¿No he venido yo solo?… Pues para que quiere saber nada más…

- Usted ponga en la máquina mi nombre, Ramón Saldaña y nada más.

- Que noooooooo… que no le voy a decir nada de lo que me pregunta.

- No me tienen que avisar por teléfono yo vendré en persona.

- Que no le voy a dar la dirección…, que a usted no le importa para nada donde vivo.

- Le digo que vendré en persona.

- A ver…, si usted no me quiere hacer caso tendré que hablar con su jefe.

- A ver señorita… A mí la cola no me importa para nada…, yo también he estado esperando mucho rato.

- Buenos días. Me llamó Ramón Saldaña. A ver si con usted nos podemos entender.

- Veo que vamos por el mismo camino que con la señorita. A ver si nos entendemos de una vez… Yo solo quiero cobrar los cien euros que pone en ese papel… ¿Lo ve? Aquí lo dice muy claro: “El Ayuntamiento pagará esta cantidad, y por una sola vez, a todos los jubilados mayores de setenta años que vivan en la localidad”.

- A ver… a ver, a mi no me hará creer que si pone mi nombre en la computadora…, no le dice que estoy jubilado y que tengo ni más ni menos que setenta y un años, tres meses y dos días.

- No insista no le daré ninguna explicación más. Ni mi domicilio, ni si estoy casado, ni si vivo solo o acompañado. Que nooooooooo, no insista…

- Mire… ve su papel…, pues ya está roto… No se hable más del asunto. Buenos días.

Estoy muy enojado… Muy enojado. Ya no hay educación ni respeto como antes. ¡Como me han tratado! Me querían sonsacar información y conmigo no van a poder. ¡Pues si señor! No tengo el nombre puesto en el buzón para eso, para que no me localicen. Entro y salgo del bloque de pisos sin hacer ruido y vigilando que nadie me vea y si alguna vez me cruzó con alguien no lo miro a la cara… al suelo, miro al suelo y aún hay alguien que me dice buenos días. Será posible… hasta los vecinos quieren espiarme. Es que en este mundo ya no estamos seguros en ningún sitio. ¡Ay!… si Juana viviera… pobrecita con lo reservada que era ella. Diez años y once días hace que se murió, y mejor así. Si hubiera visto como hoy me han querido sonsacar información…, y es que no tienen respeto ni por un pobre viejo de setenta y un años, tres meses y dos días.

No me lo saco de la cabeza, y eso me distrae de lo mío, de cómo llego a casa, y de cómo los voy a despistar. Si quieren sacar información de los otros viejos que lo hagan. Allá ellos, los desgraciados, pero conmigo ni hablar. Ahora me tengo que concentrar. Cogeré tres autobuses, uno para el lado contrario de donde vivo, luego cogeré otro para el centro y por fin el que me dejara a dos calles de mi casa. Estos seguro que tienen espías por todas partes y me seguirán. Seguro… emplean malas artes para averiguar todo de los pobres viejos y quitárnoslo todo. Por cien euros… ¡Bah!

ASSUMPTA VENDRELL

Comments Sense comentaris »

Acostumbrado a una vida más que cómoda, a sus cuarenta y tres años, Gonzalo nunca había tenido la necesidad de trabajar. La desidia y la apatía lo acompañaban en su rutinaria vida. Conservaba dos o tres amigos de la juventud y las mujeres que había conocido nunca llegaron a complacer a su madre.

Su monotonía solo se veía afectada por las semanales visitas de sus tías y las amigas de su madre. Entonces debía bajar al salón y ser complaciente. Apoltronado en su sillón, con la mirada perdida pasaba las tediosas veladas, asintiendo sin saber y esbozando sonrisas para el agrado de quien le mantenía.

Por eso cuando en Julio murió la madre, el mundo de Gonzalo se desmoronó. Quizá por las frases de sus parientes, o porque por fin tomó consciencia de la situación, por primera vez en su vida se dio cuenta que debía empezar a pensar y actuar  por sí mismo sin esperar el consentimiento de nadie.

Nunca hubiera creído que las tardes de visitas se pudieran echar de menos, así que empezó a salir. Caminaba sin rumbo y se paraba a descansar en algún parque, allí en el banco hacía lo que sabía, asentir a las madres que hablaban de sus hijos y esbozar sonrisas. Pero notaba que algunas lo miraban mal.

No se sabe si por hablar con alguien o por hablar de alguien, Gonzalo se compró un perro.

Desde ese momento, entró en un mundo desconocido. Alguien sin más se acercaba al banco y le hacía un comentario agradable sobre el animal o le contaba algo que podía parecer interesante. Y descubrió también a otros perros y a sus propietarios que sentían la , al principio incomprensible necesidad, de compartir sus experiencias. Había tardes en que llegaba casi exhausto a su casa, demasiada información, demasiadas conversaciones.

A medida que pasaban los días,  reencontró el mismo poder de abstracción que tenía con sus tías, y mientras los demás hablaban, se dedicaba a observar a los otros perros que eran el reflejo de sus amos, cursis, repelentes amables y a imaginar qué vida llevaban. Poco a poco se dio cuenta que le interesaban más las historias de los perros que las de las personas. Mirándolos a los ojos creía saber qué les estaba pasando. Incluso sentía que ellos le hablaban y en alguna ocasión incluso le pedían ayuda.

Su visión del mundo empezó a cambiar. Cuando en alguna ocasión se encontraba con las amigas de su madre o sus tías le visitaban, le resultaba casi inevitable compararlas. ¿Cómo nadie se había dado cuenta que la tía Gloria era exactamente igual que un chihuahua?, y Mercedes con esos andares tan ridículos… era un pequinés, cogida del brazo del buldog de su marido.

Una  tarde el dueño de un pastor alemán, que él sabía falto de caricias, llegó al parque desencajado por la desaparición de su perro. Nadie lo había visto, pero prometieron hacer todo lo posible para encontrarlo. Gonzalo fue uno de los que lo consoló. E incluso se ofreció para recorrer por las mañanas barrios vecinos para buscarlo.

De esa manera amplió sus limitados horizontes, era un asiduo de nuevos parques y en todos ellos entablaba conversaciones con los diferentes animales. Aquella extraña actitud provocaba cierta hostilidad entre los amos de los perros que no entendían demasiado bien el comportamiento de aquel hombre  callado y distante. Sin embargo,  él ya no podía vivir de otra manera. Pasaba prácticamente el día recorriendo un parque y otro y de camino se paraba ante cualquier perro que le dijera lo desgraciada que era su vida, hablaba de cualquier banalidad con el amo , mientras intentaba dar consuelo al animal.

De manera alarmante aparecieron , por los diferentes barrios, carteles anunciando la desaparición de perros fieles, muy queridos por los desconsolados amos que no concebían su vida sin ellos.  Casi a la misma vez Gonzalo también desapareció. No se podía decir que nadie lo echara de menos o incluso que alguien reparara en ello.

Semanas después una de sus tías entró en casa, el hedor era casi insoportable. Allí en el sillón apoltronado  y con la sonrisa  imbécil de siempre estaba Gonzalo. Muerto desde hacía días y rodeado por una verdadera jauría a su alrededor.

ANA CUTILLAS

Comments Sense comentaris »

S’ajusta el barret amb aristocràtics tocs de dit fins que aquella negra copa llueix amb perfecció. Llisca la capa per les espatlles fent-la caure elegantment i agafa el bastó per l’arrodonit pom daurat abans de tancar la porta rere seu. Fosqueja, tot i no ser massa tard. Fa dues setmanes que hi ha taula reservada al selecte Café Royal. És el primer cop que gaudirà de tan distingit i dispendiós restaurant, peró l’ocasió i la companyia ho mereixen. Surt al carrer amb decisió i convenciment tot i que es viuen moments d’incertesa i por, especialment per part de les dones que hi tenen el seu lloc de feina habitual. La policia metropolitana i l’Scotland Yard van de corcoll  intentar enxampar l’escorredís autor dels esgarrifosos crims perpetrats darrerament al barri de Whitechapel, tan proper com freqüentat.

Encara no ha arribat al xamfrà on enfilarà Dorset St. amunt, just davant de l’oficina de correus, una petita brillantor  crida la seva atenció. S’ajup i agafa una petita moneda. És un miserable i inservible penic, foradat just al centre amb precisió, qui sap amb quin propòsit. Sense saber ben bé que fer-ne, decideix no llençar-la. No té cap valor peró amb aquell curiós trau potser li trobarà algun quefer. La introdueix en una butxaca de l’armilla i repren el camí. En arrivar al final de Dorset St., resol no vorejar Hyde Park i comença a travessar-lo per l’interior. La nit és plàcida i extranyament no hi ha gairebé boira. En aquest curt trajecte té com a tota companyia alguna parella prometent-se amor etern en un banc i el piulejar provinent dels arbres. Passant sota la portalada forjada, a l’altre banda del carrer, es veu l’anar i venir continuat de carruatges senyorials, davant el Café Royal. Al fons, la llum fumejant de Whitechapel.

Es disposa a creuar el carrer quan una mà el subjecta pel braç.

- Per ventura, cavaller, no tindria pas uns penics ?, si puc dur alguna cosa de menjar a casa, li estaré infinitament agraït, els nens podran dormir avui amb l’estòmac serè.

Un home vestit amb evident mal gust, peró no excessivament brut el mira amb ulls implorants. Duu uns guants desfilats que no amaguen els dits i té una cicatriu en forma de set sota l’ull esquerra. Li torna la mirada, altívol, aparta  d’una estrabada la mà que el té subject i dona un parell de passes abans de parar-se i tornar enrera.

- Mira, avui és el teu dia de sort –li dedica amb un orgullós somriure-, creus que la mainada i tú tindreu prou amb aquest ?.

Dit aixó, agafa el penic foradat de la butxaca i amb un hàbil moviment de dits el llença enlaire. Cau a terra rodolant davant el captaire, que s’afanya a recollir-lo.

- Gràcies, senyor, Dèu sabrà pagar la seva generositat !.

El pobre diable el rodeja abraçant-lo com fan dos amics retrobats després de molts anys.

- Gràcies, senyor, es vostè un àngel ! – repeteix mentre l’abraça un cop i un altre-.

L’aparta ara amb certa violència i dedicant-li improperis i menyspreus, travessa el carrer.

- Gràcies, senyor, gràcies !.

El Café Royal és el restaurant més luxós de l’East End. Exclusiu, de gent benestant, on aristòcrates, burgesos, artistes i algun polític es barregen sense pudor amb qualsevol que pugui fer front a la despesa. Immenses làmpares de llàgrimes permeten veure amb tot detall la suntuositat de la seva arquitectura i l’esplendor del seus mobles victorians. Tothom es mou com en un ball reial, vestimentes de somni i joies enlluernadores competeixen en silenci.

L’acompanyen a la taula on ja l’espera una somrient senyoreta que duu un vestit llogat per a l’ocasió amb no poques dificultats. Es dediquen una cordial salutació i seuen disposats a passar una romàntica nit. Un cambrer acut i després d’una estrident reverència, els hi entrega dues cartes de pell i desapareix entre les taules.

      • * * * *

Ha estat un sopar esplèndid. Gairebé tres hores de somriures, petites confessions, secrets i il.lussions deixats anar, acompanyat tot de les melodies suaus i penetrants que interpreta un experimentat quartet, i per suposat, de les exquisitats del maitre. El cap de sala arriba amb una nota dins una funda igualment de pell. La deixa en un cantó, a la seva esquerra, i queda dret, seriòs, escodrinyant sutilment tot el que succeeix entre taules. Després de llegir la nota amb supèrbia indissimul.lada, introdueix els dits dins la butxaca interior de la jaqueta. La sobtada palidesa del seu rostre delata l’esgarrifòs calfred que està patint. S’aixeca tremolós mentre les mans el recorren de cap a peus amb rapidesa i neguit, tots els racons i butxaques son escorcollats sense trobar res més que un manat de claus.

- No pot ser !. Escolti, no sé que ha passat, li juro, ha d’haver una explicació…!

El cap de sala fa un petit moviment simultàni entre el cap i la mà esquerra i d’immediat es presenten a la taula 3 homes que no s’havien vist en cap moment de la vetllada.

- Acompanyeu a aquest senyor a l’oficina, -diu el cap de sala amb sospitosa ironia- i vigileu que no li falti de res fins que jo arrivi.

- Si us plau,  li estic dient la veritat !.

La bella acompanyant no gosa aixecar el cap, avergonyida i sofocada davant l’inquissidora mirada dels comensals presents.

Dos dels homes l’agafen un per cada braç mentre l’altre es col.loca darrera. Se l’emporten entre rialles i comentaris sarcàstics per vergonya d’ella i desesperació d’ell. Apropant-se a una discreta porta que hi ha al fons de la sala, on acaben les taules, una veu li és vagament familiar:

- Creus que tindràs prou amb aquest ?.

Un petit objecte dibuixa una curta paràbola a l’aire abans de caure rodolant davant seu. És una moneda de penic foradada justament pel centre. Gira el cap abans de ser introduït en “l’oficina” a temps de veure un home impecablement vestit i amb una petita cicatriu en forma de set sota l’ull esquerra que, aixecant una copa li dedica un majestuós brindis:

- Salut, avui és el teu dia de sort !.

PERE MONTEAGUDO

Comments Sense comentaris »

Pedro salió a la terraza, donde una empleada terminaba de servirle el desayuno. Sin saludarla, la despidió con un gesto frio y autoritario de sus manos. Con las personas que tenía a su servicio no solía tener muestras de educación, solo ordenaba con mucho rigor cuanto esperaba que hiciesen.

La mesa estaba llena, como a él le gustaba. Una vez sentado, decidía qué tomar. Se sirvió un zumo de naranja, untó un par de tostadas con tomate y colocó encima sendas lonchas de jamón. Mientras engullía, no degustaba la comida, miraba alrededor. Desde allí divisaba la carretera que descendía, serpenteando a través de la urbanización, y adentrándose en las estrechas calles del Casco Viejo, al puerto. Podía ver los tejados y los jardines de los chalés de sus vecinos entre los pocos árboles que había, y los de las casas del pueblo que parecían tocarse.

Yo le observaba sin miedo a ser vista, porque él nunca reparaba en mí.

Hacía pocas semanas que Pedro había llegado a aquella casa. Un lujoso edificio rectangular de dos plantas que él mismo mandó construir, con amplias cristaleras que llenaban de luz las espaciosas habitaciones y salas decoradas con muebles modernos y funcionales. De luz y de mar. Había escogido para su casa el alto de una montaña cuajada de pinos, que sus máquinas y operarios no tardaron en arrancar para hacer aquel grupo de viviendas llenas de coches y de gente.

Ay, como me dolió oír caer los árboles y las máquinas arrasándolo todo. Y el silencio que quedó cuando marcharon los pájaros.

Así había llegado a ser él. Sin sentimientos ni escrúpulos, no paró hasta conseguir el poder y la riqueza de que hacía gala. Estar arriba.

Y qué daño me había hecho hasta llegar ahí. Pero estaba ciego, no veía mis heridas.

Desde su trono, mientras saboreaba un café, contemplaba el pequeño puerto donde fondeaban tranquilos una veintena de pequeños barcos de pesca, los mismos que cada tarde llenaban el aire de un agradable olor a pescado cuando regresaban de faenar. Muy cerca dos excavadoras destruían parte de la montaña que penetraba en el mar sirviendo de abrigo a las naves de los pescadores, a los que un gran cartel anunciaba la construcción de cincuenta amarres deportivos. La empresa de Pedro era la encargada de aquella obra.

De aquella destrucción que yo veía y sentía, como tantas otras que había hecho. Qué daño me hacía cada dentellada de las máquinas, cada árbol arrancado de cuajo.

Llevaba varios minutos sin moverse. Un trozo de tostada había caído sobre su barriga. La empleada volvió y le preguntó si podía retirar los restos del desayuno. Él no movió los labios, ni la cabeza para afirmar o negar. Tampoco le indicó con las manos cual era su respuesta. La chica le miró fijamente, observando que no respiraba, el trozo de pan no se movía sobre su grueso vientre. Se acercó a él, le colocó la mano cerca de la nariz y la boca y comprobó que no respiraba. Corrió al interior de la casa y volvió acompañada de dos personas más del servicio.

El cielo apaga la luz sobre el mar que él tanto adoraba con un manto oscuro. El agua que desprende desborda mi propia agua. Toda yo comienzo a ser agua por los pies, mientras una máquina muerde mi vientre, sin dolor, para depositar a Pedro.

EDUARDO TORRALVO

Comments Sense comentaris »

Quan l’Arcadi es va separar va sentir la necessitat se marxar de Barcelona i instal.lar-se a Viladoms, a la casa de pedra que va conservar en la partició del divorci.

Allà, va muntar tot l’equip informàtic per poder continuar amb la seva empresa de disseny publicitari i es va disposar a refer-se del cop que li va suposar la marxa de la Francesca.

A la casa de pedra, a un parell de quilòmetres del poble, l’Arcadi rebia per internet els encàrrecs dels seus clients i només en sortía una estona cada tarda per caminar pels camins del voltant, per anar a llegir a la vora del riu o per baixar a Tremp a carregar provisions.

A la petita vall només hi havia dues cases. La casa de pedra de l’Arcadi i un petit mas amb un paller en runes on, segons li havien explicat hi vivia l’Anselm, un pastor vell que ja no sortia de casa i que rebia periòdicament la visita d’algun veí del poble que li portaba queviures i venia a comprovar que encara era viu.

L’Arcadi, cada nit, des de la finestreta petita de les golfes on dormia, mirava a l’altra costat del riu la casa de l’Anselm i veia una llum feble, gairebé un reflex que testimoniaba que l’habitant del mas era allà. Devia ser tot just una bombeta de vint-i-cinc, d’un groc esmorteït, que s’apagaba cada vespre, sense excepció, abans de mitja nit.

Dia per altre, l’Arcadi pensava que hauria de creuar el riu per presentar-se a l’Anselm i establir alguna mena de relació amb el vell. Però els dies anaven passant entre la tristesa de la separació de la Francesca, que no superava i el propi aïllament que aquella situació li anava creant.

L’hivern va fer-se present. La neu va pintar de blanc les verdes parets de la vall. El termòmetre s’ensorrà un dia sí i l’altre també i les sortides de l’Arcadi s’anaren espaiant.

Cada dia però, des de la finestra petita de les golfes observava l’escàs punt de llum del mas veí. Entre el fosforescent blanc de la neu a la nit i la lluna clavada damunt la sageta dels abets, la llum gairebé imperceptible donaba fe d’una presència que s’esdevenia més imaginària que real.

La nit de cap d’any, l’Arcadi va decidir anar-se’n al llit després de llegir un llibre d’un jove poeta per a ell desconegut:

“Quan serà, i on, que el buit que t’exaspera tornarà a alçar-se i t’omplirà de llum?”

Ja al llit, recordà que no havia mirat el testimoni lluminós del mas de l’Anselm. S’atançà a la finestra petita de les golfes i no va poder veure ni rastre de lla llum. Va estar una estona fitant la vall, a l’altra banda del riu. L’Anselm ja deu dormir, pensà, o la bombeta s’ha fos.

L’endemà, primer de gener, un vehicle tot terreny de la Funeraria del Pallars parada a l’era del mas de l’Anselm li aclarí el dubte. Mai més veié la llum.

I a la primavera, quan la neu marxà, també ell va alçar-se per cercar la llum en un altre lloc.

Pere Bou

Comments Sense comentaris »

L’Eusebi Manta va ser tot un personatge. Cert que no és gens conegut; considerava un esforç excessiu difondre el seu pensament. I això que és creia un autèntic filòsof i un lliurepensador. Havia nascut a Barcelona ciutat, un mes d’agost molt càlid i tediós. Potser això va tenir que veure amb el seu caràcter. Des de menut, tothom deia que “tenia un os a l’esquena” i no s’equivocaven gens, ni mica. Mai havia fet els “deures” de l’escola, odiava la gimnàstica amb totes les seves forces i no hi havia res en el món que li agradés més que el llit. Estava especialment orgullós del clot del seu jaç degut a la deformació del somier sota el pes del seu cós. I gradualment va anar cultivant la peresa fins al límit d’aconseguir ser-ne un virtuós.

Per a poder desenvolupar-se com a mandrós sublim, l’Eusebi Manta gaudia de certs avantatges. Per exemple, no tenia problemes econòmics, perquè vivia de rendes immobiliàries. Ni tampoc d’intendència: la seva mare era la dona més atenta i servicial que cap fill únic hagués pogut somiar mai. I a sobre, n’era una gran admiradora. Ell era un home molt eloqüent i qui l’escoltava acabava dubtant sobre les virtuts del treball i les avantatges de la productivitat. Mai va tenir la més mínima intenció de treballar i tampoc tenia cap interès en conèixer món, fora del que sortia per la pantalla del televisor.

Quan va deixar els estudis inacabats, l’Eusebi Manta es va comportar com un vertader mandrós militant. Qualsevol desplaçament li semblava excessiu i va resoldre que el millor era romandre a casa. Es va instal·lar a la seva habitació, una ample i còmoda cambra on hi havia tot el que desitjava a la vida: un llit confortable, diversos sofàs que competien en folgança, un televisor, un vídeo, el telèfon i un ordinador, que no usava gairebé mai. No necessitava res més. Puntualment la mare li portava l’esmorzar, el dinar, el berenar i el sopar i li feia la neteja. Al costat de l’habitació hi tenia el lavabo. Era feliç i, quan algú preguntava que feia tot el temps allà reclòs, ell contestava resolt: penso. M’agrada pensar i, sobre totes les coses, m’agrada no fer res de res. La vida flueix llavors sense cap pressa, amb una calma magnífica que l’omple d’autèntic sentit.

Els anys van anar passant i l’Eusebi defensava aferrissadament la seva opció radical de vida. La seva mare es va començar a preocupar. Qui el cuidaria quan ella no hi fos? Llavors no va dubtar en buscar-li una novia, algú que se’n ocupés com sempre ella ho havia fet. I encara que sembli increïble, la va trobar. L’Abnegada Sallés era la dona ideal per el seu fill i l’Eusebi, al conèixer-la, va estar-hi totalment d’acord. Seria la parella perfecte. La mateixa admiració incondicional, el mateix interès en cuidar-lo i, això sí, una vida matrimonial un xic insulsa, perquè a l’Eusebi li feia mandra practicar el sexe. Era massa cansat.

Aquesta vida alternativa, singular i còmode no va ser gaire perllongada. Desgraciadament l’Eusebi Manta va morir quan acabava de complir els trenta anys. La seva mort va ser plàcida i dolça, tan com va ser-ho la seva singular vida. La sang va cansar-se de córrer per les seves venes i poc a poc es va anar estancant. El cor tampoc tenia gaires ganes de bategar i poquet a poquet, d’acord amb aquella sang quieta, es va anar aturant fins que l’Eusebi Manta va quedar ben garratibat i fred dins del magnífic clot del seu llit.

No va durar pas gaire aquest personatge, es cert, però com ell deia, el temps fluïa tranquil·lament pel seu èsser i el va viure amb molta intensitat, degustant cada segon, cada minut i cada hora que transcorrien mandrosos mentre s’estava a la seva cambra. Diuen que les seves últimes paraules van ser: vull dormir encara més. Descansi en pau.

Rosa Fuixart

Comments Sense comentaris »

Miré mis manos, que no eran las tuyas.

Las volví a mirar

mientras te recordaba de reojo

y estaban sucias

y completamente vacías.

Sentí angustia. Nada más que eso.

Apuesto a que de mis manos

tú no recibiste nada,

intuyo que yo de las tuyas

tampoco.

Se palpaban a distancia

frías e intocables,

y nuestros dedos se señalaban. Nos acusábamos.

Miré otra vez.

Ahora tenemos un inmenso agujero

en la palma de la mano

de donde no sale nada.

*El amor es dar algo que no tenemos

a alguien que no lo quiere. No lo tuvimos, no lo quisimos dar.

Ese algo. La perdición del hombre.

Irma Estopiñà Toquero

(*Jacques Lacan.)

Comments 2 comentaris »

Con el pasado a mis espaldas llego a ti,

obsesionado por las imágenes

que golpean una y otra vez mi mente

como la lluvia en el cristal

y luchan por superar

esta revuelta imposible.

Ana María Membrado

Comments Sense comentaris »

Nota de l’autora: Aquesta és la història del meu nom, però amb els noms dels personatges canviats.

Durant tot l’embaràs esperava sentir-ho per boca d’alguna persona. De les meves germanes, de la meva mare i sobre tot per boca del meu marit. No va ésser així. Jo em vaig sentir petita e insignificant, més encara del que sempre m’acostumava a sentir.

En aquells anys no hi havia les tècniques, tan normals avui en dia, per determinar el sexe de les criatures abans de néixer. Teníem triat el nom, per si era nen, casi des de el principi del embaràs, però tenia el pressentiment a dins meu, que seria nena, i li volia posar el meu nom: Cristina, però no volia dir-ho jo per por que em diguessin pretenciosa. El meu nom era la única cosa que em feia sentir orgullosa de mi mateixa. El trobava tant bonic!… Quan la mare em nombrava, jo sentia que era algú; quan el meu marit, les poques vegades que era afectuós, em deia “Cristina meva”, tot el mon s’il·luminava, com si un gran sol hagués sortit de cop i volta al meu damunt.

Esperava que algú digués: “si és nena, li podem posar Cristina com tu”. Ningú ho va dir. A lo llarg de tot l’embaràs mai em van fer la proposta, i jo vaig callar.

Va arribar el dia del part. Un part lent, dolorós i molt complicat. Quan per fi va néixer la nena, les germanes Carmelites que regentaven l’hospital,  feien festa: “Quina nena més bonica”! “Quin tresor de criatura”! “Quin nom tindrà aquesta nena”?… Tímidament vaig contestar: “Encara no l’hem triat”. “Oh, oh… li posarem, Maria de la Concepció”. Al instant, aquell nom, el vaig trobar ridícul, llarg, lleig…, però no vaig dir res.

Mai ningú de la família va dir res, mai ningú va protestar, però aquella nena, la meva filla, no li vam dir mai pel nom. A partir de llavors va ser solament “la nena”.

Li vàrem negar el nom, com qui li nega la personalitat. Va anar a l’escola i les mestres li van dir pel cognom, les amigues també la nombraven pel cognom, fins i tot ella mateixa no es reconeixia darrera d’aquell nom que no havia sentit mai per boca de ningú. Tant era així, que ella, quan li preguntaven: “Com et dius, maca”?, es posava vermella, tartamudejava i no el podia acabar del tot.

Van haver de passar molts anys fins que la meva filla pogué crear-se la seva pròpia personalitat, pogué posar-se nom a ella mateixa. Primer va ser Conxita, desprès va ser Conxa, però a mi encara se’m fa estrany. Per mi i per tota la família, ella es la nena. No obstant, aquest obstacle que va marcar la seva infantesa, la va fer molt forta, molt obstinada i molt segura d’ella mateixa. Avui, ella sola, acaba de triar el nom de la seva filla: Es dirà Cristina, com jo.

Assumpta Vendrell

Comments Sense comentaris »

Estaban todos. Diecisiete. Los conté mientras la dependienta envolvía los regalos. Los Álvarez, una señora familia, como dijo la chica. Que no parar de crecer, aumentará próximamente, añadí, compartiendo con ella el embarazo de Alicia. Un paquete más que habrá que hacer el próximo año. Salí de allí con la pesada bolsa llena de cajas de todo tipo: perfumes para Sandra, el mp4 para Eduardo, la videoconsola para María… No, no me había olvidado nada, la lista estaba completa.

Se me echaba el tiempo encima, otro año que tenía que correr. Detrás de mí, la chica se disponía a cerrar la persiana. Cargué todo en la furgoneta y partí. Las calles se estaban quedando vacías, sólo algunas personas que corrían a sus casa, o bajaban apresuradas de algún taxi, o de los pocos autobuses que aun no habían terminado el servicio.

Cuando llegué a casa de los Álvarez, observé el comedor. Un escenario que me resultaba muy familiar, llevaba veinte años visitándoles. La mesa se encontraba preparada, la llegada de hermanos, hijos e hijas, y luego los novios y novias, hizo que se instalara una auxiliar, se había quedado demasiado pequeña. Algunas fuentes con aperitivos, una jarra con agua, dos botellas de vino y las copas y platos que María, la señora, saca en esta ocasión. De la cocina llegaba el olor del cabrito recién hecho al horno, y de los langostinos a la plancha. Un menú navideño que esta familia no ha cambiado en todo este tiempo.

Comencé a contarlos a ellos. Dieciséis. No, diecisiete. David, el novio de Raquel, acababa de llegar y saludaba a todo el mundo antes de ir a dejar su abrigo. Se ha ganado con su simpatía a todas las mujeres del grupo. Ya podía comenzar la cena que el señor Pedro hacía rato que estaba impaciente por empezar, y se atrevía a picar algo, provocando la ira de su mujer, que mientras iba y venía a la cocina, le echaba en cara su mala educación. En poco más de una hora yo estaría dentro con los regalos.

La cena transcurrió sin ninguna novedad. Cuando terminaron los postres, José Luis, el menor de los Álvarez, sacó un pequeño tronco al que le habían pintado una cara en un extremo, colocado un gorro rojo, y envuelto en una manta. Comenzaron a cantar y el pequeño Eric golpeó con un palo al tronco, y de debajo de la manta una mano sacó un regalo para él. Un libro de dibujo con una caja de colores. Después uno a uno, todos siguieron dándole palos a aquel trozo de árbol y recibiendo regalos. Absurdos regalos. Un lote de pinzas para la ropa a Héctor, que cambió por una alfombra para el ratón del ordenador a Toñi, su madre; un libro de sudokus para Eduardo. No podía creerlo, ¿qué les sucedía?, ¿y el juego para la Play que hace dos días deseaba? Reían y disfrutaban con los regalos de un todo a cien. Yo miraba la bolsa que con tanto esfuerzo había subido hasta allí, que tanto me había costado reunir, observándoles durante días, escuchándoles para tratar de saber qué les gustaría recibir. Me hice una detallada lista con objetos que valían mucho dinero, recorrí varios almacenes buscando cada cosa, y ahora todos se encontraban la mar de contentos con cosas como un paquete de rollos de celo, o un abridor de botellas.

Y no me invitaron a pasar. Me estaba helando de frío en el balcón, así que arrojé la bolsa e hice polvo todos aquellos regalos y me marché de allí. Un simple tronco me había humillado.

Eduardo Torralvo

Comments Un comentari »

S’ha arribat al col.lapse mundial, la gent d’arreu, està de molt mal humor, i la ciutat de París és plena de nadons, estan tots amuntegats (com en les vagues de recollida d’escombraries) pels carrers… la gent no sap què fer per evitar trepitjar aquelles dolces criaturetes. Mentrestant milers de cigonyes estan reunides, al davant de Notre Damme, per l’ assemblea general que s’ha convocat en referència a la vaga. Reclamen a la
patronal algunes millores laborals, com per exemple: poder fer descansos quan han de volar distàncies superiors a 100 km, ja que corre perill la seva pròpia vida i també la dels nadons; que quan toca transportar bessons o trigemins, no hagin de portar-los tots junts en un sol mocador de farcells, fent el transport amb tantes cigonyes com criatures hi hagi, com en la resta dels serveis; o que se’ls faci una revisió anual del plomatge…

Hi ha moltes famílies preocupades a tot el món perquè porten setmanes esperant que els serveixin les comandes de criatures que havien fet per catàleg 9 mesos enrere… comencen a haver-hi queixes sobre el servei, i demanen explicacions a qui sempre els havia venut que els nadons venien puntualment en cigonya des de París… Hi ha gent que, arriscant-se, descobreix llegint en uns antics plecs de paper (actualment clandestins), anomenats “llibres”, que anys enrere hi havia una mena de ritual que, segons sembla, és obligat de practicar entre dues persones de sexe oposat perquè acabi tenint resultats. Els més intrèpids ho intenten… alguns sense èxit, d’altres més hàbils, se’n surten, i descobreixen que aquell ritual, a més, és d’allò més plaent… Comença a córrer la veu, i al cap de poc temps encontra de la doctrina dictada pel govern teocràtic mundial és una pràctica realitzada per tothom… es nota, perquè la gent generalment està més contenta, i ja no hi ha aquelles discussions constants tant freqüents anteriorment…

Les parelles experimenten de nou l’embaràs i tot de sensacions, ja oblidades després de diverses generacions… Les cigonyes després de mantenir la vaga durant tants mesos, han aconseguit el contrari del que volien al principi: enfonsar la gran xarxa de laboratoris on es fabricaven els nadons a la carta, així com la seva distribució, on elles hi prenien part activa (com manava la tradició). Però s’havien acostumat ja a la vida contemplativa, i no els suposa cap problema el fet de quedar-se sense feina… Han aconseguit elles soles crear un món millor.

Francesc Gelabert Ribas

Comments Sense comentaris »

Aclariment previ: L’autora d’aquest text vol aclarir que escrit correspon a un exercici en el que havíem d’escollir una persona el més odiosa posible, i “humanitzar-la” fins a tal punt que el lector l’entengués.

Cada dia al matí, al obrir els ulls, a Hans li assalten  els mateixos pensaments. Com una roda que gira i gira, els pensaments se succeeixen un rere l’altre,  es repeteixen i es tornen a repetir una i un altre vegada sense descans, sempre acompanyats de les mateixes imatges. Venen, roden, passen i es tornen a repetir.

Hans cada matí al despertar-se veu els ulls de la por de tots els jueus, nois, nens, dones i homes, tots joves que ell condueix, invariablement dels pavellons de presoners a la sala de metges; que són plenes a vessar d’artilugis i aparells a vegades molt estranyans, que estan reclinats o a sobre els taulells. Lliteres nues de roba i focus molt grossos, encara apagats, com ulls de dragons gegants de mirada malvada.

Hans voldria passar-li un braç per sobre les espatlles a tots els jueus quan els acompanya per el recorregut que fan plegats, invariablement tots els dies, i poder-los dir: “no tinguis por, no serà res”, com quan ho feia a l’ hospital general, amb tots els malalts, on era camiller i no guàrdia, com ara, d’un camp de presoners destinat a la infermeria. Hans és alt, ros, d’ulls blaus, com la majoria d’alemanys. El seu caminar és erguit, amb les espatlles ben rectes i  alineades. Els jueus que ell acompanya són baixos, encongits per la por i per la fam.

La roda gira i ell veu els ulls del seu germà petit, ara fa 30 anys, en aquella altre gran guerra, quan sentia els trets, al costat mateix de la seva casa, en aquella trinxera maleïda on van morir, el seu pare i els seus dos tiets. Poc després va morir el seu germà petit amb els ulls desencaixats per la por, la malaltia i la fam.

Hans veia cada matí, també els ulls, dels seus dos fills  joves encara, plens de vida i alegres. Per aquells ulls, ell es podia aixecar cada dia i suportar els altres ulls d’aquells altres nois que cada dia portava a aquella sala, i que hagués volgut escapolir-se per no sentir els seus crits i els seus plors.

Havia cregut en un món millor; encara hi creu. El món que el Führer els hi havia fet creure. Pensaven que el nacionalsocialisme els salvaria de la por i de la misèria. Ell volia un món millor per els seus fills, i si feia falta, exterminaria als jueus; creia que ells s’ho havien buscat. La seva prepotència, les seves cases grans, les seves costums, el no voler-se barrejar amb els altres, la seva fastigosa riquesa i la seva elegància insultant.

Així, cada mati, Hans es desperta amb els ulls dels jueus dins la roda que gira i gira, desprès els ulls del seu germà petit, i els ulls dels seus fills que l’ajuden a aixecar-se, a vestir-se i arribar a aquell recinte per fer una feina terrible, però necessària alhora. Ell ho vol creure amb totes les seves forces, però no sap que cada dia que passa, els seus propis ulls queden atrapats a la mateixa roda i van agafant la mirada d’aquells jueus que ell porta cada dia a la mort.

Assumpció Vendrell

Comments Sense comentaris »