Es joven, pero muy maduro para su edad, la profundidad de su mirada de ojos pardos, te enseña una nobleza innata, posiblemente heredada. Cuando te mira con esos ojos profundos y atentos no es un niño, ni siquiera un adolescente inquieto, es casi un adulto cargado de sensatez, no hace nada sin medirlo antes, sin saber cual será el resultado.
La rutina le da seguridad, las alteraciones y los cambios lo descolocan, le alteran su ritmo natural.
Sus movimientos son tranquilos, a veces excesivamente lentos, camina despacio, con paso firme y seguro, no gesticula en exceso aunque si es expresivo.
Habla mucho con un vocabulario rico y claro, siempre expresa lo que quiere decir, no da lugar a las dudas o a los malos entendidos, su acento es limpio y contundente.
Su cuerpo es proporcionado, se está estirando, alargando en las formas, sus cálidas manos nunca están frías, igual de cálido es su corazón, es sensible a lo que le rodea, a lo que ve y a lo que escucha.
Nunca quiere ser el protagonista, ni la estrella, prefiere la seguridad que le proporciona estar en segundo plano, le permite estar ahí por si alguien le necesita. Le reconforta ayudar a los demás.
Es feliz con las pequeñas cosas que ve y siente a su alrededor, no es una persona de grandes ambiciones, sino de pequeños detalles, de cosas simples.
Es guapo, tiene unas largas pestañas y unos labios bien dibujados, carnosos y rojos. Su rostro es equilibrado, sin excesos en la nariz ni en las orejas ni en nada.
Su piel siempre tiene buen color, nunca está pálido ni con aspecto enfermizo, rebosa salud.
Es un buen deportista, aprende a esforzarse, a compartir victorias, a asumir los fracasos, entiende lo que es jugar en equipo y compartir lo bueno y lo malo, la idea de justicia suele guiar sus actos.
Su sonrisa, unida a la profundidad de sus ojos son su armas secretas, él todavía no sabe como utilizarlas, ni siquiera sabe que las tiene, ahora las usa de forma natural, ingenua.
Cuando te mira y sonríe, se enciende su rostro, te invade de una forma arrolladora.
Sus besos y sus abrazos, siempre van unidos, son generosos, sin esperar nada a cambio, no los raciona, los regala.
Él no quiere ser la estrella, pero sí es mi lucero.
Yolanda Gómez
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