Miré mis manos, que no eran las tuyas.
Las volví a mirar
mientras te recordaba de reojo
y estaban sucias
y completamente vacías.
Sentí angustia. Nada más que eso.
Apuesto a que de mis manos
tú no recibiste nada,
intuyo que yo de las tuyas
tampoco.
Se palpaban a distancia
frías e intocables,
y nuestros dedos se señalaban. Nos acusábamos.
Miré otra vez.
Ahora tenemos un inmenso agujero
en la palma de la mano
de donde no sale nada.
*El amor es dar algo que no tenemos
a alguien que no lo quiere. No lo tuvimos, no lo quisimos dar.
Ese algo. La perdición del hombre.
Irma Estopiñà Toquero
(*Jacques Lacan.)

Entrades (RSS)