El escritor tecnológico
Alonso J. Alce es lo que podríamos decir un escritor consagrado, tiene una importante obra a sus espaldas y para muchos, incluido él, es uno de los mejores escritores de su generación y todo esto lo ha conseguido escribiendo con una pluma estilográfica que ni tan siquiera sabe como se carga. La usa mojándola directamente en el tintero.
Esto es lo único que se había mantenido inalterable en su vida; hace dos años se separó de su primera mujer y se fue a vivir con una periodista cuarenta años mas joven que él y a la que conoció cuando se presentó en su casa para entrevistarlo.
Una tarde ella, Adelina se presento eufórica con la compra que había hecho, la acompañaba un joven y mientras que le explicaba al escritor de que se trataba este se encontró sobre su mesa de trabajo un ordenado. El joven iba desembalando cajas y conectando cables y Adelina continuaba detallando las múltiples ventajas que le iba a aportar escribir en el ordenador, podría corregir sin tener que reescribir la página completa, podría tener una copia impresa con solo darle a un botón; escribiendo en la computadora podría culminar su obra y concluyó con un deseo que casi era una sentencia. – Hasta, quien sabe, podrás conseguir el premio Nobel.
El escritor, que tenia la edad suficiente como para saber que con las mujeres no se discute, se hace confianza y se tira para adelante, daba vueltas a la mesa y miraba todos aquellos aparatos llenos de luces verdes y rojas. Él, que en su vida no había escrito a máquina un folio completo, se imaginaba picoteando con los dedos sobre las teclas como un pollo alborotado. Decidió que al día siguiente empezaría.
A la hora de costumbre se sentó delante del aparato, lo encendió y se dispuso a escribir siguiendo las indicaciones que le dio el experto. Después de escribir y desescribir palabras subrayadas en rojo, el resultado fue lo que vendría siendo una página, un tercio menos de lo que era habitual en él, pero por orgullo y por algo que le costaba más reconocer pensó que no tiraría la toalla.
Cuando ya llevaba una semana escribiendo en el artefacto le asaltó una duda y se pregunto donde se guardaba todo aquello que había escrito cuando le daba al botón de apagado. Le habían dicho que en un disco duro pero se preguntaba si era duro cómo se grababan las palabras y con qué, no sería mas apropiado que fuese blando. Se dio cuenta que no estaba pensando en la obra si no en el artefacto, se levantó y fue a buscarse una cerveza no por sed si no para ver si encontraba el hilo.
Volvió con el vaso de cerveza y al apartar la silla una de las patas levantó la alfombra lo suficiente para que metiese el pie por debajo, tropezó y la cerveza fue a caer sobre la caja negra. Se produjo un chisporroteo, se apagaron todas las lucecitas de golpe y el aparato exhaló el último suspiro en forma de humo gris y que olía a rayos.
Se separó asustado, no quiso tocar nada, se fue a la otra mesa sacó su tintero y su libreta mojó la pluma en la tinta y siguió donde se había quedado hacia siete días.
Segundo Pino Durán
AGRAVIOS Y TRISTEZAS DE DON MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA
¿Cómo puedo acabar en este mundo con tanto sufrimiento y tanta desgracia como a mí me aflige? ¿Cómo, si mi talento es tanto y así habrá en el futuro de reconocerse, he de vivir entre exilios y presidios, entre escondites y destierros y a otros el señor les otorga famas y bienes, a todas luces inmerecidos y a buen seguro desacordes a sus méritos como los mios lo son a mi mala fortuna?
Solamente hallé en esta vida la ruta del desterrado y del emigrante, del presidiario y del perseguido, del hambriento y del desdeñado, habiéndome como me he batido por Castilla y por Cristo en batallas cientos y en obligaciones patrias, fiel al monarca que me ignora y a la reina que me humilla.
Loé con sonetos y alejandrinos a soldados valerosos y a nobles heroicos y escribí comedias y sainetes para que el pueblo llano conociera de sus males y amara a sus guías y acrecentara su fe, así como para que aprendiera a conocer sus pecados y a discernir el grano de la paja. ¿Y como se me paga el servicio? Permitiendo la ruina de mis padres y encumbrando a un poeta y dramaturgo para quién, a fe de dios, no fueron inventadas esas altisonantes palabras, las mismas que a mi se me niegan.
Y ahora, sufro en esta espantosa prisión el escarnio y la burla de los moros y el indecente olvido de aquellos por los que aquí llegué.
Mientas tanto, tú, Lope, enemigo de mi alma, el fantasma más grande de tus cementerios de baratija, recoges loas y ducados de quien da tanto a los falsos mitos como escatima a los genios y menosprecia a los sabios.
Así hubiera yo nacido en Inglaterra, donde el trono de las letras ocupa quien méritos para ello sin duda ha conseguido. Allí el pueblo, aún como el nuestro, pobre, no es por ello tan ignorante y reconoce los gustosos sabores de un buen plato. No como en esta nuestra iletrada Castilla donde zafios hijosdalgos y nobles analfabetos obligan a la plebe a vivir como asnos y a yantar como puercos.
Y en consecuencia, aquí, Lope de Vega es Dios y yo el mismísimo diablo, sin merecello, pues santo de las letras he de ser en siglos venideros y aun quizá de entre ellos el más grande.
Con todo, y aun que es mucho el desánimo que me aflige, me dispongo cada mañana desde esta paupérrima celda que mis huesos, a fe de Dios, que ya casi no resisten, a tomar pluma y papel que un buen y caritativo carcelero tiene a bien proporcionarme a cambio de mis últimos ducados.
Con ello consigo evadirme, sino de la cárcel si de los malos pensamientos y crear fantasías de caballeros y criados y quién sabe, y no habré de vivir para sabello, si a sentar los cimientos de la más grande obra que ser humano hubiere acometido con su pluma.
Argel, a los doce días del mes de marzo del año del Señor de 1578.
PERE BOU
El suport de l’escripturaEts tu i la teva mà vella que es preparen per escriure, com tantes altres vegades ho havien fet.
Abans, però, sempre te’l mires des de totes les perspectives. La seva extrema pal·lidesa i finura t’entristeixen. Saps que la seva atracció es prou forta com per oferir-li tot un univers imaginari, que és teu. I es que no saps com començar.
Et sents constantment embadalit per la seva mirada blanca i neutral però alhora no pots evitar sentir-te amenaçat, com si des de la seva superfície llisa t’apuntés amb un fusell. “Omple’m, omple’m et dic!” Ressona una veu dins del teu cap.
La teva única voluntat és donar-li vida, oferir-li una espurna d’ànima que es propagarà com a foc i construirà una història compartida, la que evoquis en ella, la que surti de tu mateix.
L’impuls és tan gran com una escopinada que el taqui i ometi aquest buit que transmet.
Bé…Et tranquil·litzes, obres la ment, tanques els ulls i els sorolls es fan opacs al teu voltant. Agafes la ploma i comences: una paraula darrere d’una altre i una altre i una altre… No pots parar. L’èxtasi s’ha apoderat de tu. No pares de córrer la tinta pel seu cos, omplint-la d’impuresa.
Ara per fi, esteu sols en el món, desapareixeu sense saber exactament a on, entre les línies que vas construint-l’hi.
Fi. Has acabat. Esperes que digui alguna cosa però no sap parlar per ella mateixa. Així que pels dos i mirant-la fixament comences:
“Ets tu i la teva mà vella que es preparen per escriure com tantes altres vegades ho havien fet.”
Irma Estopiñà
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