LA LLAUNA DE SARDINES.
Ja feia gaire bé un mes , que havia provat d’obrir aquella llauna de sardines i a la fi la vaig deixar per impossible.
Però quan obria l’armari de la cuina ella era allà ,juntament amb les altres llaunes i era l’única que semblava desafiar-me ,com si em digués –Apa soc més forta que tu,i no pots amb mi- ; jo la mirava amb rancúnia i tancava ràpidament l’armari ,provocant un petit terratrèmol als estris de la cuina que hi havia al costat .
Ja en tenia prou estava farta de veure-la allà dia rere dia ,ja m’havia tocat l’amor propi ,i per fi prenc la decisió .
Jo ja m’estava preparant des da el mati i començava a estar neguitosa per l’aventura que anava a emprendre ; vaig comprar un obrellaunes nou ,d’aquells tan moderns ,que diuen que quasi bé no has de fer esforços ja que son elèctrics. ¿avui ho aconseguiré ¡,-per fi podré tastar les sardines que hi ha dintre i que estan guardades per aquella llauna com si fossin un tresor,- .Quasi bé em llepava els dits ,pensant en el festí que m’esperava.
Vaig anar a la cuina ,a poc a poc sense fer fresa ,-no fos que la llauna em sentis – obro la porta de l’armari , agafo la llauna ,ben fort amb la mà ,i endollo l’aparell d’última generació ,hi poso la llauna de manera que la punxa del obre llaunes la perfori. Allò es va posar en marxa i encara que feia una fresa esgarrifosa, semblava que funcionava- però no- és va a començar a complicar .En el mateix moment que va punxar la llauna, va sortir amb tota la força d’aquell forat un petit riu de suc de sardines que va esquitxar la paret de la cuina .Aquella llauna va començar a donar voltes i voltes cada vegada més rapit com si estigués posseïda per l’aparell, fins que va sortir disparada directa al sostre ,trancant el fluorescent ,i fonent els ploms ,per caure després a terra .
Ens vam quedar a les fosques la llauna i jo,ella a terra ,i jo agafada a les nanses d’un calaix. Va passar una bona estona ,quan vaig aconseguir arreglar els ploms .
Al arribar a la cuina, el panorama era espantós : l’aparell s’havia cremat i sortia fum per tots els seus forats ,la llauna s’havia esquerdat i hi havia trossos de sardines amb el seu oli escampades per terra,formant una perillosa pista de patinatge; jo encara que estava agafada ,baix relliscar,per caure de cul sobre les sardines el oli i la llauna.
El calaix del que jo m’havia,agafat va caure sobre meu i com un volca en erupció va sortir d’allà dintre, obre llaunes de totes les menes,taps de suros, draps de cuina,espelmes d’aniversari ,un encenedor,i les receptes de cuina que volaven com petits avions per anar a parar a terra amb l’oli les sardines i jo.
Estava ben baldada,em feia mal tot,però encara baix ser capaç d’acabar d’obrir la llauna amb un dels obrellaunes que hi havia per terra,amb tanta mala sort que em vaig fer un tall al dit .Després de totes les peripècies passades,per fi vaig poder assaborir aquelles sardines ,que van resultar ser realment delicioses . 08-02-2010 Inma Corrius.
Arxiu de març, 2010
març
02
2010
Una acció cotidiana convertida en insólitaEnviat per El plaer de l'escriptura dins de LiteraturaMISIÓN IMPOSIBLE
La tarde es tranquila y el paseo me ha sentado bien. Hace 2 horas que camino en un complaciente recreo de tiendas. He tenido éxito con los propósitos que me había fijado, pero hay alguien que me da la primera señal de alarma -Necesidad fisiológica urgente- mi vejiga ya no puede más.
Busco un bar para satisfacer mi necesidad y entro en uno cualquiera. Al entrar me fijo en la decoración, esta en el umbral de la caducidad pero hay gente joven y se escucha buena música. Me indican donde esta el lavabo y lo encuentro sin dificultad. Al entrar compruebo que también está caducado. Entro, la sensación de ahogo es inminente. Mis ojos recorren ese habitáculo pequeño, sucio y maloliente y la segunda señal de alarma se activa, no hay pestillo en la puerta, mis ojos continúan con el escrutinio y ¡Zas! la tercera señal de alarma, no hay papel. Mi frente empieza a sudar tímidamente. Bien, no pasa nada, la primera regla que te enseñan cuando eres pequeña y empiezas a usar los servicios públicos es que no te sientes nunca.
Viene a mi mente la banda sonora de la película Misión Imposible de Tom Cruise, ” apropiada para mi situación, apropiada para “Mi Misión Imposible”.
El primer objetivo de la misión es crucial -¿dónde dejo las bolsas que llevo en las manos?, el suelo está sucio y mojado, no hay ningún colgador, ni siquiera hay una ventana para abrir e improvisar un lugar de reposo para los objetos no necesarios para la empresa que debo llevar a cabo. Mantengo la mente fría, pienso, no puedo perder tiempo ya que el enemigo puede llamar a la puerta en cualquier momento. Al final decido aguantarlas con los dientes.
Segundo objetivo -¿dónde dejo la chaqueta y el bolso?- con un rápido movimiento de ojos advierto que tampoco hay ninguna solución para este caso, decido colgarme el bolso al cuello y enrollar la chaqueta hasta las axilas apretando fuerte los brazos para que no se caiga.
Tercer objetivo, aguanto la puerta con el pie para que no la abran mientras me desabrocho el cinturón y me bajo los pantalones y las bragas, en ese momento hay el primer ataque del enemigo –estrá ocrupado- le digo con un vocabulario casi ininteligible ya que las bolsas no me dejan gesticular, las primeras gotas de sudor se deslizan por mi sien, -no defallezcas- me digo, -has de seguir hacia delante-.
Compruebo la distancia de la puerta al inodoro y calculo que hay un metro -¡no llego si mantengo el pie en la puerta!, ¡no llego!, ¿tantos meses de entrenamiento no me sirven ahora?. Analizo la situación rápidamente, pienso y decido, si quito el pie y aguanto con la mano ganaré centímetros imprescindibles.
Coloco mi cuerpo en posición de semiflexión con una ligera inclinación hacia delante para que mi mano llegue a la puerta, hago fuerza con el cuello para que el bolso se mantenga a una altura prudente y no toque el suelo, mientras sigo apretando fuerte la mandíbula para sostener las bolsas, con el brazo que me queda libre aguanto la chaqueta enrollada y la ropa que he de proteger para que no salga dañada. Miro si la posición está cerca del objetivo, compruebo, sigo apretando con la mano, los dientes, el cuello y el brazo y me decido, lanzo mi disparo. El objetivo ha sido alcanzado.
Después de mi éxito, recojo los útiles y salgo. Mientras me lavo las manos me miro al espejo y veo el reflejo de mi cara, que aunque sudorosa y enrojecida por el esfuerzo, también revela satisfacción. ¿Misión imposible? ¡Ja!.
Maribel Martínez |
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