Una acció cotidiana convertida en insólita
Enviat per El plaer de l'escriptura dins de LiteraturaMISIÓN IMPOSIBLE
La tarde es tranquila y el paseo me ha sentado bien. Hace 2 horas que camino en un complaciente recreo de tiendas. He tenido éxito con los propósitos que me había fijado, pero hay alguien que me da la primera señal de alarma -Necesidad fisiológica urgente- mi vejiga ya no puede más.
Busco un bar para satisfacer mi necesidad y entro en uno cualquiera. Al entrar me fijo en la decoración, esta en el umbral de la caducidad pero hay gente joven y se escucha buena música. Me indican donde esta el lavabo y lo encuentro sin dificultad. Al entrar compruebo que también está caducado. Entro, la sensación de ahogo es inminente. Mis ojos recorren ese habitáculo pequeño, sucio y maloliente y la segunda señal de alarma se activa, no hay pestillo en la puerta, mis ojos continúan con el escrutinio y ¡Zas! la tercera señal de alarma, no hay papel. Mi frente empieza a sudar tímidamente. Bien, no pasa nada, la primera regla que te enseñan cuando eres pequeña y empiezas a usar los servicios públicos es que no te sientes nunca.
Viene a mi mente la banda sonora de la película Misión Imposible de Tom Cruise, ” apropiada para mi situación, apropiada para “Mi Misión Imposible”.
El primer objetivo de la misión es crucial -¿dónde dejo las bolsas que llevo en las manos?, el suelo está sucio y mojado, no hay ningún colgador, ni siquiera hay una ventana para abrir e improvisar un lugar de reposo para los objetos no necesarios para la empresa que debo llevar a cabo. Mantengo la mente fría, pienso, no puedo perder tiempo ya que el enemigo puede llamar a la puerta en cualquier momento. Al final decido aguantarlas con los dientes.
Segundo objetivo -¿dónde dejo la chaqueta y el bolso?- con un rápido movimiento de ojos advierto que tampoco hay ninguna solución para este caso, decido colgarme el bolso al cuello y enrollar la chaqueta hasta las axilas apretando fuerte los brazos para que no se caiga.
Tercer objetivo, aguanto la puerta con el pie para que no la abran mientras me desabrocho el cinturón y me bajo los pantalones y las bragas, en ese momento hay el primer ataque del enemigo –estrá ocrupado- le digo con un vocabulario casi ininteligible ya que las bolsas no me dejan gesticular, las primeras gotas de sudor se deslizan por mi sien, -no defallezcas- me digo, -has de seguir hacia delante-.
Compruebo la distancia de la puerta al inodoro y calculo que hay un metro -¡no llego si mantengo el pie en la puerta!, ¡no llego!, ¿tantos meses de entrenamiento no me sirven ahora?. Analizo la situación rápidamente, pienso y decido, si quito el pie y aguanto con la mano ganaré centímetros imprescindibles.
Coloco mi cuerpo en posición de semiflexión con una ligera inclinación hacia delante para que mi mano llegue a la puerta, hago fuerza con el cuello para que el bolso se mantenga a una altura prudente y no toque el suelo, mientras sigo apretando fuerte la mandíbula para sostener las bolsas, con el brazo que me queda libre aguanto la chaqueta enrollada y la ropa que he de proteger para que no salga dañada. Miro si la posición está cerca del objetivo, compruebo, sigo apretando con la mano, los dientes, el cuello y el brazo y me decido, lanzo mi disparo. El objetivo ha sido alcanzado.
Después de mi éxito, recojo los útiles y salgo. Mientras me lavo las manos me miro al espejo y veo el reflejo de mi cara, que aunque sudorosa y enrojecida por el esfuerzo, también revela satisfacción. ¿Misión imposible? ¡Ja!.
Maribel Martínez

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